Bien, después de tantas vacaciones prácticas y tareas, continuamos con las historias terroríficas.
La semana pasada les platiqué de como engañaban los alemanes a las familias de los presos para atraer mas gente al campo de concentración, para de esta manera exterminar a más personas. ¡Qué astucia tenían los alemanes, no creen! Bueno, ahora Olga ya se ha dado cuenta de muchas situaciones y ha abierto los ojos a la realidad, aunque pareciera que sigue soñando.
Olga se ha dado cuenta que la jefa de su barraca es una polaca llamada Irka, esta señora llevaba 4 años en el campo de concentración, lo cual le dio un aliciente para seguir adelante, pues pensó que si la polaca ya llevaba cuatro años, ella podía aguantar mucho tiempo en el campo. Irka, era exigente al momento de pasar lista. Pero pareciera ser muy buena persona. Olga le platicó con ella sobre el deseo de poder ser libre y salir de ese infierno, a lo que Irka respondió que no era posible eso, pues todas las presas estaban expuestas a que las mataran en cualquier momento, que no se hiciera ilusiones. Pero además, le contó su experiencia sobre la fila, que envió a sus hijos con la abuela para que los cuidara, a lo que Irka dijo que ya ni pensara en reunirse con su familia, porque muy seguramente a esas alturas ya no existían en este mundo. Fue muy doloroso saber eso, pues pensaba que había hecho un bien a su hijo mayor, pero ahora se había dado cuenta que en realidad, le había adelantado la muerte, tanto a él como a su mamá. Bueno, tampoco tenía esperanzas de que su papá estuviese vivo. También Irka, dijo que en realidad esos hornos a los que llamaban panaderías, no era tal cosa, sino que eran hornos en los que incineraban a las personas muertas, pero como cada día había más y más personas que llegaban en vagones, estaban repletas. Muchas veces, esas "panaderías" las ocupaban para incinerar a los niños, gente mayor y enfermos. Pero por lo mismo, que estaban llenos los hornos, tal vez sus hijos todavía no eran incinerados, pero no era seguro.
Después se enteró de que su esposo tal vez si estuviese vivo. Entonces buscó la manera de salir de la barraca y de su campo para poder pasar a otro campo: el de los hombres. Finalmente, lo logró, y encontró a su esposo, él andaba todo andrajoso al igual que ella, con ropas sucia y vieja, ambos se miraron y el Doctor Lengyel dijo: ¡Hasta dónde hemos llegado! Lo dijo porque, anteriormente, ellos no sufrían las carencias que en ese momento padecían, estaban muy delgados, malcomidos, mugrosos, y demás. Cuando los guardias descubrieron que estaban juntos, los golpearon, porque no se podían ver las mujeres ni los hombres, por eso cada quién tenía sus barricas. Los separaron, y no pudieron ni siquiera decirse adiós.
En una ocasión, Olga se encontró con un hombre en las barracas, se supone que no podían verse hombres con mujeres, pero en ese momento el hombre estaba trabajando reparando las barracas, le dio algunas prendas, claro, no muy elegantes por la situación que estaban viviendo, y además la invitó a comer, por primera vez en "no sé cuánto tiempo" comió una papa. Pero, ese mismo día se dio cuenta las intenciones que tenía ese hombre, lo que quería era aprovecharse de la situación para estar con una mujer. Durante mucho tiempo, después de las insinuaciones del señor, despreció los regalos, pero empezó a debilitarse, porque no era suficiente la sopa maloliente que les daban, entonces encontró a un señor que no tenía dientes quien estaba comiendo papas, pero el centro estaba duro, y le dio el centro de las papas a esta mujer. Las demás mujeres hacían lo que fuera con tal de tener un poco más de alimento. Había quienes, antes no robaban por tener una buena reputación dentro de la sociedad, pero en esa situación era difícil ser honrados.
Más tarde, Olga fue ascendida, la enviaron a "enfermería", en donde, lo único que hacía era recabar información y hacer una lista de las mujeres que iban llegando en los vagones. En una ocasión, se enfermó, sufrió por altas temperaturas, tenía tos. Hasta eso ¡estar enfermo era un delito! Lo que hizo Olga fue cubrirse la espalda con un trapo que le presto una de sus vecinas, otra de sus amigas también estaba enferma e hizo lo mismo, cubrirse. Cuando la guardia se percató de eso, las golpeó demasiado, hasta cansarse y las mandó a la cámara de gas. Pero lo que me impresionó fue el valor de Olga, pues sacó fuerzas para levantarse, y escapó de la fila de aquellas mujeres que enviaron para exterminar y regresó a su barraca. Las demás mujeres se sorprendieron porque estaba de vuelta, pero ella aseguraba que no la habían elegido para llevársela, eso para no hacer alboroto o la echaran de cabeza, pues era muy común echar de cabeza a las compañeras.
Eso es todo por hoy, les seguiré contando más la siguiente semana.
Zuriel Valencia
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